jueves, 15 de mayo de 2008

¡Basta ya, King! Deja de hacer comedia. Lionel va a venir con nosotros te guste o no. Así que nos vamos a California y no se hable mas.

Empieza a recoger tus cosas. Y deja estar la maldita cabeza. Ya me encargaré yo de ella. De momento nos la llevamos en la nevera portatil. Luego, a lo mejor, la mando disecar. No pongas esa cara de idiota. Karl se merece eso y mucho más. Es una lástima entregarle todo a los gusanos. Su cabeza, y su cerebro en particular, eran lo mejor de él. Ahí residía todo su talento, todo su ingenio, todo su instinto musical. No nos separaremos de ella. No lo haremos nunca. Karl se convertirá así en nuestro genio protector. Tal vez así tengamos suerte. Llevate las pastillas azules y rojas. Las verdes y las naranjas que se las tome Constance si quiere. No me extraña que tengas alucinaciones. Que amiga de recetar farmacos está hecha. No te has desenganchado de la mofina para aficionarte a los barbitúricos. He leído las recetas y no veo cual es la utilidad de esos otros, así que se quedan aquí.
Venga, he puesto tu maleta en el coche. Pero tránquilo, no nos vamos de Austin sin conseguirte un contrabajo. le tengo echado el ojo a uno que te vendrá de perlas. Diría incluso que es mejor que el que tenías. Claro que no lo podemos pagar. Me gasté casi todo el dinero ganado en conseguir el mismo modelo de Chevrolet que ya tenía. Me queda muy poco. Pero es suficiente para pagar la entrada. Como no es probable que pongamos de nuevo los pies en Austin, que importan los demás plazos.

¿¡La bofia!? ¿Que pasa con ellos? Que sigan buscando a Karl. No es el único desaparecido en esta ciudad, ni en este estado. Y ni siquiera es de Texas. Mucha gente desaparece sin dejar rastros. O sin que los encuentren. Archivarán la causa. Les he dejado un teléfono por si averiguan algo. Es sólo para despistar. Nosotros somos los primeros interesados en que fracasen. Como si no supieramos que ha pasado con él. Pero de esto, ni una palabra a Lionel. Y déjalo estar ya.







¿A que esperas tío? Espabila y sube al coche. Así está mejor. Ahora sí que nos vamos. ¡Esperadnos chicas de California, con vuestros tangas y bikinis! En breve acudiremos a por vosotras.

Buddy

martes, 13 de mayo de 2008



¡Por el amor de Dios Buddy, ayúdame! No sé qué quiere de mi, joder tío qué quiere matarme, no hace más que preguntarme por Karl ¡Está loco tío, no para de amenazarme!

El puto Lionel me tiene atado a una silla, no sé donde estoy, si creo que si, parece la cabaña del estanque . Dice que me mata si no le digo donde está Karl ¿Qué le pasa a Lionel con Karl? ¿Hay algo qué deba saber? Joder Buddy que este tío va en serio, qué me mata tío, está borracho como una cuba. Aquí viene otra vez, ¡ Joder Buddy, no puedo más! Me ha pegado dos ostias, y, y ahora, ¡ Joder tío no, tengo un cuchillo en el cuello! No para de gritarme. ¡No sé dónde está Karl, se fue, pregúntale a Buddy, él, él lo sabe!.

Va de un lado a otro, gritando, lamentándose de no sé qué. Tengo mucho miedo, me he meado encima Buddy. Te lo dije Buddy nos lo teníamos que haber cargado, ya sé qué fallé, pero no venía de uno más, ya puestos. Si lo vieras está totalmente desencajado, no entiendo nada.

Por favor Buddy piensa en algo, llama a Jack, te lo digo en serio ¡Llámalo! Dile que venga acá, inventante lo que sea, qué se cargó a Karl ¡Si eso! Si lo pilla aquí quien lo va a creer, estando a punto de cometer un crimen. Piénsalo Buddy ¡Venga, venga, piensa con rapidez! Yo le soltaré un rollo al puto poli, le diré que Lionel me secuestró por qué sabía lo que había hecho. Recuerda Buddy, la cabaña del estanque.
K.

miércoles, 7 de mayo de 2008

Tranquila Constance, tranquila. Tú no te preocupes por nada. King y yo (junto con Lionel) pronto vamos a levantar el campamento. No podemos quedarnos eternamente en Austin. Tenemos que resolver unos asuntillos y en cuanto estén listos volveremos a nuestra vida nómada de músicos en busca de fortuna.

Karl se fue como vino. Apareció cuando más lo necesitamos y desaparece ahora que de nuevo estamos los tres juntos. Y nuestra fortuna se fue con él como si fuera un espejismo. Lo que está claro es que él no nos necesita. Era el más brillante de los cuatro. Seguro que le irá bien allá donde esté.

¿King habla de huesos? No hagas caso. Son secuelas de sus viejas paranoias provocadas por su adicción a las drogas. Ahora que se desenganchó no hay que darle más importancia de la que tiene. Pronto ni se acordará de ello.

Está bien que salgas con ese poli de NY. Pero ve con cuidado, los polis son algo anticuados en lo que a libertad sexual se refiere. Quiero decir que no tolerará que tengas un ligero desliz con algún otro. Sus reacciones pueden ser imprevisibles. No menciones tus relaciones pasadas. Y vigila las futuras. En mi opinión, lo más cercano a la mente de un criminal es un policía. Sé prudente.

¡Ah!, y no hace falta que le involucres en lo de Karl. Primero porque el es de NY y aquí en Texas no tiene jurisdicción. Si fuera del FBI aún... Segundo, porque si Karl ha decidido largarse por su propia voluntad nosotros no somos quienes para impedírselo. Diviérte con él y no te compliques.

Constance, querida, dentro de unos días me llevaré a King. Vamos a darnos una vuelta por California. Supongo que a las malas nos admitirán en algún localucho. Y tal vez pasemos antes o después por Nevada. Allí podríamos acercanos a Los Angeles. E incluso probar suerte en Las Vegas. Seguro que habrá algún casino que nos contrate.

Por lo demás su cabeza ya no me trae de cabeza. Con el tiempo me he acostumbrado a ella así que me la llevaré con él, ya que son inseparables.

Cuídate cielo, cuida a Jack y... cuídate de Jack.

Un besazo
Buddy

sábado, 3 de mayo de 2008


Hola Buddy, dime una cosa ¿Qué está pasando? King no hace más que hablar de cabezas y huesos. Y cada vez que Lionel viene a verme King se vuelve como loco. Estoy asustada y Lionel me ha dicho que tenéis algo entre manos ¿Debo preocuparme Buddy? Por favor te pido que seas sincero, estoy harto de mentiras. Espero que todo sea causa de la medicación de King. Y respecto a Lionel no sé qué pensar, quiero pensar que en el fondo lo hace para llamar mi atención, aunque si te digo la verdad Buddy, Lionel ya no me interesa.

No te lo he dicho pero desde hace un par de semanas salgo con un poli, se llama Jack y trabaja en homicidios en New York, pero lleva aquí algún tiempo intentando esclarecer un crimen, se ve que están buscando un cadáver, lo buscan junto a la orilla del río, no sé, tampoco me cuenta demasiado.

Es un tipo duro, tiene una manos muy grandes y es muy fuerte, me da seguridad. Me ha propuesto que cuando todo esto acabe me vaya unos días a New York con él, creo que le voy a decir que si, por lo que vas a tener que encargarte de King durante un tiempo. De paso aprovecharé para visitar un par de clínicas donde dejé el currículum hace unas semanas.

Aún no me creo lo de Karl, que haya desaparecido así sin decir ni pío ¿Tú sabes algo Buddy? Es extraño sabes, tuvimos una conversación hace un par de semanas, me contó que estaba tan contento, que desde que formaba parte del grupo su vida había cambiado, que por primera vez en su vida hacía lo que verdaderamente le gustaba. No lo entiendo. Ya sé lo de su pasado, bueno sé lo que me contaste, pero alguna cosa no cuadra, no sé, que te parece si se lo explico a Jack para que investigue.

Constance

martes, 29 de abril de 2008

Con que te habías deshecho de la cabeza, ¿eh?... Con que la planta química… Y ese rollo del charquito y la disolución…

¿Me quieres decir entonces por qué le hablaste a Mackenzie de una cabeza que habías perdido? ¿No será la misma que he encontrado entre los bártulos de Lionel, donde guarda su batería?

King, ¿qué voy a hacer contigo? Dime…

Y me cuentas que no te fue fácil deshacerte de la cabeza. ¡A mí si que me ha costado deshacerme del cuerpo, en un grado que ni te imaginas!

Para empezar no encontraba el lugar adecuado para prenderle fuego al maldito coche. Y de tanto buscar un sitio oculto para llevarlo a cabo, mira por donde doy con un recodo apartado del río donde estaba el cadáver que la poli andaba buscando desde hacía una semana. Sabía por las noticias que se trataba de la víctima de un ajuste de cuentas entre mafias locales. Un confidente mencionó que lo habían liquidado con un tiro en la nuca, y que luego se lo llevaron no sabía a donde. Pues ahí estaba el “donde”. El impacto por encima del cuello aún era visible. No podía ser otro.

Primero pensé que tenía mala suerte y luego, muy rápido, pensé lo contrario. Es decir, que la providencia había puesto ese fiambre en mi camino. Porque si mezclaba mi cadáver descabezado con el nuevo, tal vez lograse cargarle el muerto al crimen organizado y nadie se le ocurriría asociarlo con la desaparición de Karl. De manera que puse manos a la obra y entre arcadas y vómitos trasladé, como mejor pude, el segundo cadáver al interior del coche. Antes había tenido la precaución de llenar el depósito, además de comprar algunos bidones de gasolina, no muy grandes, en diferentes gasolineras a más de cien millas de Austin. Y todo ello para que nadie pudiera sospechar al verme cargar tanto combustible. Lo demás, ya te lo imaginas: un trapo asomando en el depósito y una cerilla…

¿Qué paso después? El puñetero Lionel me hizo acompañarle para presentar una denuncia a la policía. No pude negarme porque habría sospechado más. (Por cierto, ve con cuidado si se acercan por casa de Constance. Tú diles que has estado todo el tiempo con tu prima y que ni conoces a Karl, ni sabes donde está).

Como te decía, Lionel intentó que la policía pensara que yo sabía algo. Tuve que discurrir rápido, y recordé el pasado de Karl con el tráfico de órganos. Ya te conté sobre ello tiempo atrás. Total que me hice el remolón pero al final lo solté. Un agente miró en la base de datos y, en efecto, allí figuraba nuestro Karl con su condena a varios años a la sombra. Lionel se quedó de piedra. No sabía nada, y eso a pesar del grado de confianza que tenía con Karl. Pero Karl me lo había confesado una noche de borrachera y yo sé guardar bien un secreto.

Insinué al agente mis sospechas de que Karl no hubiera cortado del todo sus lazos con la delincuencia, pero le rogué que fuera discreto. No quería que saltara un escándalo ahora que nuestro grupo empezaba a hacerse un nombre en los círculos de jazz. El agente lo prometió y añadió que asignarían el caso a un oficial para que investigara esa pista junto con otras.

¿Por qué no me lo dijiste antes?, me preguntó Lionel al salir de comisaría. ¿Habrías aceptado a Karl en el grupo de haberlo sabido?, pregunté a mi vez. Lionel se calló. Creó que con eso conseguí desviar sus recelos. Pero después me preguntó cuanto tiempo estaría el coche en el taller y me di cuenta de que mi martirio no había acabado.

Verás, para presentar la denuncia tuvimos que ir andando y Lionel no entendía porque. Como comprenderás no podía decirle lo que acababa de hacer con el coche así que le metí una bola. Le conté que lo había dejado en un taller para que le hicieran unos arreglos. Era una excusa temporal pero… ¿cuánto de temporal? Hasta que descubrieran el coche calcinado con los dos cadáveres lógicamente. Porque si luego el Chevrolet no aparecía, ¿qué le costaría a Lionel asociar ambos hechos?

Pues nada más despedirme de él, en lugar de regresar al hotel, tuve que subir a un autocar para trasladarme hasta la frontera. Toda la noche venga millas para llegar Oklahoma. Y en Oklahoma el día entero mirando ferias y concesionarios de coches de segunda mano. ¿Por qué? Porque quería engañar a Lionel. Hacerle creer que todavía conservaba el viejo Chevrolet y para conseguirlo debía encontrar el mismo modelo para convencerle de que se trataba del mismo. ¿Y por qué tan lejos? Por precaución. Fuera de la jurisdicción de Texas sería más difícil que la poli pudiera seguirle el rastro al “nuevo” Chevrolet si uno de sus sabuesos se proponía hilar fino atando cabos.

No tuve suerte. Encontré dos viejos cacharros muy ruinosos que no me servían. Tuve que prolongar mi búsqueda hasta Arkansas. Otro día más hasta que finalmente di con uno más nuevo por un precio abusivo. El color era distinto, pero por dentro era casi idéntico al mío, salvo el salpicadero. Pagué al contado y me lo llevé a un taller para que el chapista lo pintase del color correcto.

Después, millas con él para estar de vuelta lo antes posible y que Lionel no notase demasiado mi ausencia. Por el camino le cambié la matrícula. Era lo único que rescaté de mi viejo Chevrolet junto con los papeles. Los nuevos, que había rellenado a nombre de Karl, los destruí y la matrícula nueva la enterré en algún lugar de la frontera con Texas.


Total, tres días en que casi no dormí. Y encima tuve que hacerle creer a Lionel que había empleado ese tiempo yéndome de putas para averiguar si alguna de ellas había estado con Karl las últimas horas. Al menos, se tragó el bulo del coche. Le expliqué que le había cambiado el salpicadero y me aseguró que él nunca habría tirado el dinero en arreglar ese trasto. Es que le tengo cariño, mentí.

Así que ya ves. Y por si fuera poco ahora tu cabeza… o la de Karl, me da igual. Por la mía sale humo ya de tanto pensar. A ver que me invento ahora…

Buddy

jueves, 24 de abril de 2008

Debo reconocer Mr. Buddy que tal vez me equivoqué con su amigo. El otro día estuve en casa de Constance, quiero decir de la doctora Blizzard, estrecha colaboradora mía y prima de Mr. King, su amigo. Fue una visita de mero trámite. Pero allí le encontré a él y puedo decir que me sorprendió verle en tan buen estado.

Durante este tiempo había temido que la crisis se produjera y, dada la propensión a la violencia de Mr. King, peligrara la integridad física de nuestra querida Constance. Pero no fue así. Es más, ambos estaban la mar de bien cuando llegué. Uno arreglando el tejadillo de un cobertizo y la otra dándole instrucciones desde abajo.

Nada más verme, su amigo acudió a recibirme. Al principio mostró una actitud ligeramente hostil, fruto tal vez de una momentánea confusión. No parecía recordar que había sido mi paciente y se empeñaba en llamarme Lester o Lionel, o algo parecido que no entendí bien. Pero una vez deshecho el malentendido mostró una moderada lucidez sobre los diversos temas que estuvimos tratando. De manera que atribuyo su transitorio estado a los efectos residuales del tratamiento con antidepresivos al que su prima, la Dra. Blizzard, me confesó lo había sometido días atrás.

Como le digo tenía buen color y estaba muy tranquilo. Si bien, por un momento, de nuevo sembró en mí la duda al hablarme de una cabeza que decía haber perdido. Aunque pronto comprendí que la mencionada cabeza no era otra que la suya. Y eso, el ser consciente de cual había sido su estado mental durante estos meses, me pareció un punto a favor en aras de conseguir su ansiada recuperación.

En vista de lo cual, lo animé a que continuará con la reparación del tejadillo mientras yo marchaba detrás de su prima al interior de la casa, pues me apetecía tratarla con una cierta intimidad que no hubiera sido posible delante de su amigo. Usted ya me entiende...

En resumen, creo poder afirmar que su amigo Mr. King Goodman se encamina del modo más favorable hasta un pronto restablecimiento. Tal vez podamos celebrarlo los tres un día compartiendo y disfrutando de nuestra amable y seductora compañera, la Dra. Constance Blizzard, como ya hicimos en el pasado usted y yo.

Mi más cordial saludo,
Dr. J. Mackenzie
Departamento de neuropsiquiatría
CLINÍCA ESTATAL DE AUSTIN

lunes, 21 de abril de 2008




¿Cacho negro dónde te has metido estos días? No sé nada de ti, imagino que estás liado con el resto del cuerpo, dime que has hecho con él, te lo comiste al final, entregaste la carne a la oeneg de tu primo, bueno ya me contarás.

No Buddy no fue fácil deshacerme de la cabeza y los brazos. Lo primero que hice fue deshacerme de la cabeza, es que el puto cabrón no hacía más que mirarme, te lo juro Buddy, parecía que estaba vivo, con su mirada fija, fría y calculadora. En fín, que lo llevé a la planta química. Si es verdad que está cerrada, pero hay un charquito naseabundo de ácidos indescriptibles. Todo pasó muy rápido, en menos de un minuto solo quedaban los dientes, y en menos de cuatro ni siquiera los dientes. Lo mismo hice con los brazos.

¿Qué pasa con el puto Lionel? No para de meter las narices donde no le importa, sigo pensando que nos lo tenemos que cargar. Ese tío se está oliendo algo, como lo pille espiándome te juro que me lo cargo. Yo Buddy no lo quiero en el grupo, lo siento, debes elegir él o yo.

Otra cosa tío, me largo de aquí, contigo o sin ti, hay demasiada pasma revoloteando cerca. Qué quieres que te diga, no estoy dispuesto a pasarme mis últimos días en una pocilga con barrotes.

¡Joder tío! Te dejo, acabo de ver a Lionel merodear por el jardín voy a ver qué coño quiere.
King